La vida en grupo es buena, es gratificante, pero de vez en cuando es bueno poder hablar de tu vida más personal con un confidente libremente, sin sentirse juzgado. En algunos de los ámbitos en los que me muevo, por ejemplo, en la CER, recibo a veces peticiones de jóvenes, mayoritariamente en la etapa del juniorado, para tener un acompañamiento espiritual formal. En estas ocasiones el acompañamiento es una solicitación de la persona consagrada para ir creciendo durante esta etapa en la que se construye y madura, concretamente, la identidad del religioso/a. A lo largo del acompañamiento surgirán, probablemente, problemas de la historia personal nuevos o no resueltos, cuestionamientos en relación a la comunidad, a la identificación carismática, a la vida espiritual… eso es normal. Pero eso se va a ir descubriendo a lo largo del camino. Sin embargo, más frecuentemente, el acompañamiento empieza por una escucha puntual de los novicios/as o de los jóvenes que son mis alumnos en...